El impacto de las redes sociales en nuestro pensamiento crítico

Numerosas investigaciones han demostrado que el cerebro es frágil y susceptible de ser engañado por factores del entorno. En un mundo hiperconectado, en el cual las redes sociales ocupan un lugar primordial como fuentes de estímulos diarios, atender esta cuestión es clave si queremos mejorar nuestras decisiones. ¿Qué papel están jugando las redes sociales en nuestro desarrollo cognitivo y cómo influyen en nuestras decisiones?

Cuando surgió internet, y a medida que su uso comenzó a crecer en el mundo, se esperaba que esta red de comunicación fuera una fuente de información democrática y abierta. Podríamos asumir que eso era algo que iba a ayudarnos a pensar mejor. La creación y auge de las redes sociales a partir del 2000 podía brindarnos mayores expectativas aún: no solo íbamos a llegar a más fuentes de información, sino que íbamos a poder relacionarnos con gente de la más diversa y de los lugares más remotos fácilmente. Nos proponían estar frecuentemente intercambiando información y opiniones de todo tipo y sin restricciones casi. ¿Qué podría ser mejor para desafiar nuestras maneras de pensar que interconectarse con múltiples y variadas opiniones?

Esta idea, que desde la teoría parecía muy funcional, desde la práctica no lo fue tanto. Hoy hay algunas señales que nos hacen pensar que, lejos de nutrir nuestros puntos de vista con otras opiniones y mejorar nuestro pensamiento crítico, en muchas ocasiones tendemos a solo intercambiar ideas a través de las redes sociales con personas que piensan como uno.

Para mucha gente fue muy sorpresiva la victoria de Donald Trump en las elecciones a presidente de Estados Unidos en 2016. La sorpresa estaba causada porque el resultado no coincidía con lo que veían que se decía en sus redes sociales. Pero al mismo tiempo había una misma cantidad de gente que no estaba para nada sorprendida. Cada uno vio una realidad diferente dependiendo de sus propias visiones del mundo, que fueron amplificadas por la tendencia de las redes sociales de reforzar las opiniones preexistentes.

El deseo de tener razón, concedido

No importa si el tema es las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, la legalización del aborto, el acceso a la educación libre y gratuita o la independencia de Catalunya. Las redes sociales proveen un medio ideal para validar nuestras ideas y opiniones. Y eso es tierra fértil para nuestro ego; al final del día todos tenemos el deseo de tener razón.

En la búsqueda de satisfacer ese deseo vamos a tender a buscar y dar mayor peso a la información que soporta nuestras creencias e ignorar aquella que nos juega en contra. Por si no lo reconocieron aún, es el mismísimo sesgo de confirmación, pero exacerbado por lo que las redes sociales nos ofrecen. En palabras de Warren Buffett, 'lo que mejor hace el ser humano es interpretar toda nueva información para que las conclusiones previas sigan intactas'.

Las redes sociales nos ayudan a ser más obstinados en nuestros pensamientos. ¿Qué buscan? Que permanezcamos más tiempo y con la mayor intensidad posible en sus sitios. Entonces nos alimentan con lo que deseamos. El contenido y las interacciones que nos proponen están seleccionadas para coincidir con nuestras preferencias, intereses y personalidad. Uno podría pensar que puede escapar de eso sin 'dejar rastros' en las opciones de preferencias y gustos, pero es imposible. Desde nuestras propias búsquedas, hasta lo que ven y hablan nuestros contactos cercanos, van dejando huellas que funcionan como inputs para los algoritmos que las redes usan para seleccionar la información que nos muestran.

Esto se torna peligroso más que nunca hoy en día. De acuerdo con una encuesta realizada por el centro de investigaciones Pew Research Center, el 61% de millenialls de Estados Unidos obtiene las noticias políticas de Facebook, en tanto los baby boomers lo hacen en un 39% y quienes pertenecen a la generación X en un 51%. Retomando el ejemplo de las elecciones presidenciales en Estados Unidos y teniendo en cuenta estas cifras, ¿no es más crucial que nunca que los votantes evalúen toda la información posible y no solo repetidoras de sus propias opiniones?

Las 'cámaras de eco' en Facebook

En el año 2016 Walter Quattrociocchi, Antonio Scala y Cass Sunstein publicaron el paper 'Cámaras de eco en Facebook' en el cual exponen evidencia cuantitativa acerca de cómo los usuarios tienden a promover sus propios relatos, formar grupos polarizados y resistir a la información que no coincide con sus creencias. Lo que encontraron es que los usuarios que pertenecían a diferentes comunidades tendían a estar conectados solamente con quienes eran parecidos creando dos comunidades cerradas que no interactuaban entre sí, lo que los investigadores llamaron 'Cámaras de Eco'. Una de las observaciones más alarmantes es que, cuando se introducía deliberadamente falsa información en las comunidades, la misma era absorbida y asumida como creíble si acordaba con las ideas primitivas del grupo. Y cuando luego era introducida evidencia verídica que contradecía aquella información falsa, la misma era descartada o tildada de tendenciosa y maliciosa.

Si Platón estuviera viendo este comportamiento, les soltaría las cadenas a los hombres en la caverna sabiendo que no querrían salir de allí. Todos quieren ser escuchados, pero nadie quiere escuchar. El resultado es una intensa polarización, con todos nosotros viviendo en cámaras de eco que recirculan información confirmatoria y cambian cualquier otro ingrediente que desee ingresar.

La triste realidad es que el deseo de probarnos que estamos en lo correcto y mantener nuestras creencias existentes elimina cualquier posibilidad de ser creativos y más abiertos. Pero esto lo vemos solamente en nuestra 'cámara de eco'. Mientras tanto, en sus propias cámaras, se vanaglorian unos a otros: 'siempre con tanto ingenio y claridad para expresar tus ideas, te admiro', 'genio!', 'me parece muy profundo y abierto lo que describes', y así podemos seguir encontrando elogios al pensamiento del otro que es igual al mío.

¿Qué podemos hacer al respecto?

Sin entrar ahora en el debate de la responsabilidad de las redes sociales, los medios de comunicación, las empresas y los políticos, que todos juegan su juego aprovechando el efecto del ego y los sesgos cognitivos en nuestras decisiones, sería valioso pensar qué podemos hacer nosotros como usuarios.

A primera vista, existen dos grandes opciones: a) salir de las redes sociales privándonos del acceso potencial a una gran cantidad de información, o b) quedarnos, pero siendo diferentes.

Al parecer, hemos desarrollado una dependencia de la tecnología que ha eclipsado nuestra confianza en la lógica y el pensamiento crítico: si lo puedes encontrar online, ¿para qué molestarte en pensarlo? Frank Rose destaca en su libro 'The Art of Immersion', que estamos viviendo en una economía hiperconectada donde la información es menos valiosa que la habilidad para encontrarla y discriminarla.

En el largo plazo, es esperable que las capacidades de análisis y toma de decisiones sean más demandadas que el dominio específico de un campo de conocimiento. Como ocurrió con las computadoras, el cerebro humano deberá evolucionar teniendo un pequeño repositorio de información, pero un procesador mucho más curioso, rápido y crítico para buscar y analizar información bien diversa. En la práctica, para lograrlo, tenemos que estar dispuestos a seleccionar, escuchar y analizar lo que dicen y cómo se comportan personas que piensen distinto a nosotros y a sostenerlo en el tiempo. En este sentido, será clave trabajar en el desarrollo de nuestras capacidades analíticas para la toma de decisiones para lograr mejores resultados.

Pero ahora empiezo a dudar, ¿no habré entrado yo en mi propia cámara del eco? Iré a buscar otras opiniones... ■

Federico Esseiva
Director en Tandem, Soluciones de Decisión.
fe@tandemsd.com