Intrapreneurship: cómo construir el ADN para la innovación

Tradicionalmente, la innovación aparecía como una ventaja competitiva reservada solo para algunas empresas o industrias. Sin embargo, hoy, emprender constantemente y desafiar los límites de lo existente pareciera haberse convertido en condición necesaria para ser sustentable en el tiempo. ¿Cómo pueden las organizaciones generar un estado de innovación continua?

Desde hace algunos años somos testigos de una dinámica de aceleración de los cambios que modificó las reglas del juego. En este marco, la innovación se ha convertido en uno de los caminos a seguir por las organizaciones para crecer y desarrollarse con éxito.

Un estudio presentado por IBM en el último Mobile World Congress(1), en el que se encuestó a más de 12.000 ejecutivos, sostiene que hoy en día son las empresas tradicionales las que están liderando la disrupción y no las startups y negocios digitales. Teniendo esto en cuenta, y analizando los resultados de empresas innovadoras, el gran interrogante que se abre para la mayoría de los ejecutivos es: '¿qué necesito para convertir a mi empresa en una compañía que innova?'.

Si bien existen diferentes respuestas posibles ante esta pregunta, según el ángulo de enfoque, hay dos grandes palancas fundamentales que facilitarán este proceso: contar con colaboradores con espíritu emprendedor y construir una cultura que los habilite y les permita desarrollarse. Combinando el capital humano y la cultura, las organizaciones podrán seguir el camino del intraemprendedurismo.

Colaboradores intraemprendedores

Según Gifford Pinchot III, a quien se le atribuye el término 'intrapreneurship', un intraemprendedor es 'aquel que, a partir de una idea, y teniendo libertad, incentivos y recursos de la organización donde ejerce sus actividades profesionales, se dedica de manera entusiasta a transformar esa idea en un producto (o servicio) de éxito'.(2)

En otras palabras, un intraemprendedor es un emprendedor que, en lugar de desarrollar sus ideas en su propio negocio, es capaz de detectar nuevas oportunidades y convertirlas en un negocio rentable dentro de la organización en la que trabaja. De esta manera, el intraemprendedor se convierte en una pieza clave a la hora de construir una organización innovadora.

Hay algunas características que son comunes entre estas personas y que resultan invaluables para una organización. Entre ellas:

Compromiso con la organización: son colaboradores que sienten la camiseta, tienen sentido de pertenencia, se ven identificados con los valores de la compañía y sienten como propios los problemas de la organización.

Liderazgo e influencia: tienen capacidad para transmitir sus ideas e influir en los otros. Saben liderar sin un poder formal, desafían a la organización y no le temen al error.

Visión de negocio: tienen pensamiento estratégico, toman decisiones de calidad, fomentan el accountability y el empowerment, y cuentan con herramientas para gestionar efectivamente los cambios.

Colaboración y confianza: son capaces de compartir los logros y promover el trabajo en equipo. Hacen al otro partícipe de sus ideas, colaboran y promueven la colaboración. Confían en los demás y en sí mismos.

Habilidades de gestión: se sienten cómodos al convivir con múltiples objetivos, manejan presupuestos y compiten por recursos internos. Tienen capacidad para asumir y medir riegos, y se hacen responsables por la gestión del conocimiento.

Contar con equipos que tengan estas características es el gran desafío. Para lograrlo, las organizaciones deberán asegurar que los procesos de reclutamiento y los planes de desarrollo están alineados a la generación de estas condiciones.

Cultura intraemprendedora

Para que los intraemprendedores puedan desarrollarse deben ser parte de una cultura organizacional que los habilite, que estimule la aparición de un espíritu creador y lo recompense. Para lograr convertir a la organización en una 'incubadora de emprendedores', la cultura deberá contemplar los siguientes elementos:

Tolerancia al riesgo y a los errores: se valora e incentiva a aquellos colaboradores que se animan y toman riesgos, aceptando los errores como parte inherente del riesgo.

Autonomía: la cultura fomenta que los colaboradores trabajen libremente y tomen sus propias decisiones, asegurando su compromiso y motivación.

Reconocimiento: aquellos colaboradores que generen nuevas ideas o proyectos son recompensados y reconocidos públicamente como parte de las rutinas habituales de la organización.

Trabajo en equipos multifuncionales: se incentiva el trabajo entre colaboradores de distintas áreas y niveles jerárquicos, así como también la generación espontánea de equipos de trabajo para distintos proyectos.

Flexibilidad y soporte gerencial: el apoyo de nuevos proyectos, aunque estén fuera del plan estratégico o del presupuesto, y la existencia de un programa institucional para fomentar la iniciativa de los colaboradores, son imprescindibles para el desarrollo de una cultura intraemprendedora.

En definitiva, la innovación no es algo inalcanzable, no les corresponde solo a las áreas de tecnología, ni está en manos de terceros. Todas las organizaciones tienen la posibilidad y la responsabilidad de hacerlo para asegurar su sustentabilidad. ¿Cómo? Comenzando por asegurar que el capital humano con el que cuenta la organización tiene el potencial y la disposición para hacerlo, y brindándole el ambiente cultural adecuado para fomentar su espíritu emprendedor. ■

(1) 'Incumbents Strike Back: Insights from the Global C-suite Study', IBM Institute for Business Value, 2018.

(2) 'Intrapreneuring: Why You Don't Have to Leave the Corporation to Become an Entrepreneur', Gifford Pinchot III, Harper & Row, 1985.

Marcelo Galagovsky
Director en Tandem, Soluciones de Decisión.
mg@tandemsd.com