La cultura organizacional y el liderazgo: Dos caras de la misma moneda

El rol del líder se está modificando radicalmente: de una posición de poder y control hacia una actitud de humildad y cercanía. Las relaciones personales, la confianza y el respeto mutuo surgen como atributos culturales fundamentales para satisfacer, motivar y mejorar el desempeño de los colaboradores. ¿Tendrán las organizaciones alguna posibilidad de alcanzar el éxito si no profundizan estas transformaciones?

El liderazgo y la cultura organizacional son caras de la misma moneda. El cambio en el modo de liderar una organización tiene que ir acompañado de modificaciones culturales más profundas que deben ejemplificarse, a su vez, desde el liderazgo. Es un círculo virtuoso. La cultura define y delimita los supuestos, creencias y valores compartidos en la organización y el líder ejemplifica esta cultura con sus comportamientos: la forma de comunicarse, colaborar, relacionarse y actuar debe estar en consonancia con la cultura.

La evolución debería darse desde el rol de líder autoritario, jerárquico, que mantiene relaciones de poco compromiso, hacia otro basado en la confianza y la apertura que conlleva una evolución cultural profunda, tanto en la forma de operar de la organización –procesos, sistemas de recompensas e incentivos– como así también en el empoderamiento, autonomía y desarrollo de los equipos.

El contexto actual, donde los problemas son cada vez más complejos y la competencia cada vez mayor, requiere líderes que puedan confiar en sus equipos, que fomenten el disenso y la transparencia para favorecer la innovación y colaboración, que reforzarán –a su vez– la habilidad organizacional de adaptarse y aprender con mayor velocidad.

La necesidad de culturas adaptativas y un nuevo modelo de liderazgo

Una cosa está clara: la cultura empresarial que nos trajo hasta aquí no es la que nos llevará a donde queremos ir. Las reglas del juego cambiaron: vivimos en un mundo hiperconectado, multicultural y con un ritmo de cambio acelerado. Para poder enfrentar este nuevo escenario tenemos que ser capaces de innovar con rapidez, adaptarnos al cambio y ser más flexibles. Pero, al mismo tiempo, debemos tener en cuenta elementos que antes no figuraban en la ecuación, como la responsabilidad social, el impacto ambiental y una nueva generación con un concepto distinto del trabajo y la carrera, donde el propósito y el bienestar cobran una importancia que nunca antes habían tenido. Esta realidad, a la que se suma el avance tecnológico, trae consigo la necesidad de evolucionar y poner énfasis en generar culturas organizacionales adaptativas y colaborativas y un nuevo modelo de liderazgo basado en la confianza, compromiso e involucramiento.

El modelo de liderazgo que se requiere hoy en día depende en gran medida de las relaciones interpersonales que logren generar los líderes con sus equipos y pares. En la actualidad, la mayor parte de los problemas a los que se enfrentan las organizaciones no se encuentra en los nodos, sino en las interacciones; es decir, no recae en los individuos, sino en el modo en que ellos se relacionan. Esto se refleja en distintos síntomas organizacionales que afectan el desempeño del negocio, como lo son la falta de apertura, confianza, colaboración e incluso evitar el conflicto o caer en malas prácticas por falta de congruencia entre el discurso y las acciones del día a día.

El capital humano es actualmente uno de los activos más importantes para las organizaciones, donde el propósito, el respeto mutuo y el compromiso se convierten en valores clave para satisfacer y mejorar el desempeño de los colaboradores. Atrás quedaron los días en los que se conformaban con ser un eslabón más en la cadena de valor; hoy buscan formar parte de algo más grande, ser vistos como seres humanos con capacidades y experiencias interfuncionales, generar vínculos más cercanos, adaptarse, aprender y crecer tanto individual como profesionalmente, formar comunidades, tener una motivación más allá de la económica. El líder que pueda otorgarles esa confianza, esa apertura y ese crecimiento no sólo mejorará el desempeño individual de cada colaborador, sino que logrará optimizar el de la organización. El rol del líder del futuro se convierte en una relación colaborativa dirigida a crear o hacer las cosas de manera diferente.

Así, en el mundo hiperconectado en el que vivimos, donde el crecimiento sustentable y la adaptabilidad al cambio serán la clave para el éxito de cualquier organización, la evolución del rol del líder se ha vuelto imprescindible. Aquel que sea capaz de generar vínculos de confianza y relaciones cercanas será el que nos lleve el día de mañana a donde queremos ir. Sin embargo, no hay que olvidar que, así como los líderes dan forma a la cultura, la cultura de la organización delimita el campo de acción de los líderes. La evolución de uno implica, inevitablemente, la del otro. ■

Anne Lore Cortina Zapfe
Consultora en Tandem, Soluciones de Decisión.
alcz@tandemsd.com