La anécdota es conocida. Tras muchos partidos entre Boris Becker y André Agassi, dos de las figuras más reconocidas del tenis mundial de todos los tiempos, el alemán llegaba a su casa descorazonado y le confesaba a su mujer que no entendía cómo Agassi era capaz de averiguar el punto exacto al que iba a dirigir su saque.
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